SOBRE
EL SERVICIO DE DIOS
Sermón
escogido del Santo Cura de Ars
Nuestro
Señor Jesús nos enseña cómo ser felices en este mundo y en el
otro, diciéndonos que busquemos las cosas de Dios y su justicia y lo
demás nos será dado por añadidura. Estando consagrados al servicio
de Dios tendremos paz en este mundo y dicha en el otro. Aunque
recibamos maltratos, ofensas, golpes, etc. si sufrimos pacientemente
por amor a Cristo ganaremos méritos que nos darán una gran gloria
en el Cielo.
El
Servicio de Dios consiste en la oración, la penitencia, la
frecuencia de Sacramentos, el amor a Dios y al prójimo y una
absoluta renuncia de sí mismo. Quien conozca la religión y la
practique, sabe que las cruces, las persecuciones, los desprecios,
los sufrimientos, la pobreza y la muerte, vienen a transformarse en
dulzura, consuelo y recompensa eterna.
No
son ni los bienes ni los honores ni la vanidad lo que puede hacer al
hombre feliz aquí en la tierra, sino solamente la fidelidad en el
servicio de Dios, cuando tenemos la dicha de conocerlo y de
someternos a él.
El
hombre que vive dominado pos sus pasiones y abandona el servicio de
Dios es muy desgraciado e impotente. En cambio el que vive en amistad
con Dios logra prodigios extraordinarios aunque sea una persona
insignificante. Ni las ciencias ni las riquezas son necesarias para
agradar a Dios, antes son un obstáculo. El rico y el pobre, el sabio
o el ignorante, cualquier persona, puede agradar a Dios y salvarse.
El
que sigue la religión debe estar dispuesto hacer el bien a quienes
nos causan mal, amar a los que nos odian, no dañar la reputación de
los enemigos y defenderlos cuando nos hallamos en la presencia de
personas que hablan mal de ellos; y en vez de desearles mal debemos
de rogar a Dios para que los colme de bendiciones. Nuestra Santa
religión quiere que empleemos santamente el Domingo para orar y
hacer buenas obras, procurando siempre la amistad con Dios; quiere
que miremos al pecado como a nuestro mas cruel enemigo. Al practicar
esto logramos la felicidad en este mundo y en la eternidad.
El
hombre pecador cree gozar de placeres, cuando solo goza de una falsa alegría que va mezclada con tristezas y sinsabores. El que quiere
ser rico, el ladrón, etc. se esfuerzan demasiado para lograr las
cosas que quieren, hasta ponen en riesgo su vida y reputación.
Si
quieres tomar el camino de la virtud tendrás que evitar la compañía
de personas libertinas y tomarás como amigos a las personas que
piensen y actúen como tú. Para animar a practicar la virtud y
llevar a amar a Dios, todas tus lecturas serán de libros santos.
Emplearás santamente el tiempo y todos tus placeres serán placeres
inocentes, que al mismo tiempo te aliviarán el cuerpo y fortalecerán
el alma; cumplirás tus deberes religiosos con fidelidad y sin
afectación; escogerás un confesor ilustrado y prudente para andar
por el camino de la salvación, él solo quiere la salvación de tu
alma y seguirás fielmente sus dictámenes, Así tendrás paz en esta
vida y tu felicidad será eterna en la otra.
Si
quieres abandonar el servicio de Dios pasarás la vida siempre
buscando y deseando la felicidad sin poder encontrarla. Llegarás a
perder la fe, dejarás de leer libros piadosos; las pasiones te
arrastrarán a seguir ciegamente sus impulsos y serás esclavo de
ellas; llegarás hasta a no creer en nada y en negar todo; te
entregarás a todos los excesos. No solo se afectará tu espíritu
sino tu cuerpo enfermará y la decadencia será tu herencia. Si
llegas a reconocer que abandonaste a Dios toda tu vida, él te hará
ver que ya te dejó de su mano, rechazándote para siempre y
maldiciéndote por toda la eternidad. Entonces los remordimientos de
conciencia nunca te abandonarán.
Cuántas
penas y sufrimientos nos ahorraríamos si estuviéramos al servicio
de Dios. Cuántos remordimientos evitaríamos en la hora de la
muerte. Cuántos tormentos nos evitaríamos.
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